La Periodoncia se ocupa del cuidado de los tejidos que rodean y sirven de soporte al diente. El desarrollo de enfermedades en esta zona, por acumulación de sarro y placa, con inflamación y sangrado (gingivitis) o con pérdida ósea o dental (enfermedad periodontal), suponen un problema frecuente que hay que detectar y tratar.
1.- La gingivitis: se trata de una reacción inflamatoria de la encía producida por acúmulo de placa bacteriana. Es un proceso reversible, pero si no se trata puede agravarse y transformarse en periodontitis. Es necesario su tratamiento, eliminando la placa y el sarro acumulado mediante una “profilaxis profesional” o “detartraje” o “limpieza de boca”, además de instruir al paciente en higiene oral, explicando como deben limpiar los dientes y encías. Aconsejamos realizar una limpieza de boca al menos una vez al año.
2.- La periodontitis: supone un paso más, en el que además existe una pérdida ósea. Puede deberse a un aumento en la virulencia de las bacterias o a la disminución de las defensas del paciente. Como factores predisponentes está la placa bacteriana, el sarro, aparatos fijos de ortodoncia y el tabaco, entre otros. En las fases iniciales el tratamiento consiste en una limpieza más profunda, eliminando las bacterias de las bolsas periodontales, que denominamos “raspado y alisado radicular”, pudiéndose acompañar del uso de antibióticos. Si la enfermedad periodontal es más agresiva o está más avanzada puede requerir, además, realizar cirugía periodontal o técnicas de regeneración de hueso. Una vez la enfermedad está controlada comienza la “Fase de mantenimiento”, que es fundamental si queremos evitar que el proceso se reactive de nuevo produciendo mayor daño en los tejidos periodontales. La frecuencia en las visitas de mantenimiento suele oscilar entre los 3 a 6 meses, según pacientes.
Por todo ello, la mejor forma de prevención consistirá en mantener una correcta higiene bucal para controlar la proliferación bacteriana en la boca.